sábado, 13 de diciembre de 2014

CAMBIAR LAS BOTAS DE ESQUÍ


Después de 3 temporadas hacía falta cambiar mis botas de esquí.  Ya no se trataba de un capricho sino de una necesidad. Sentía que la bota ya no cumplía bien su función. Entre otras cosas el botín había cedido y necesitaba ponerme dos pares de calcetines. Los cierres se abrían solos y no había manera de apretarlas más, así que ya no sentía que me sujetaran suficiente y no podía aplicar toda la fuerza que quería y por tanto había una pérdida de transmisión sobre los esquís. Es más, comencé a utilizarlas como si fueran botas de travesía por eso de que me resultaban blandas.
 En definitiva, aparte del desgaste que habían sufrido por el uso, su dureza o flex ya no era el adecuado para mí. Es decir, cuando flexionaba (tobillo-rodillas) las botas ya cedían demasiado.
 
 
 
 
Observaciones: Como veréis me mantengo con la marca Lange. El principal motivo ha sido que el cambio de una bota a otra no fuera excesivo sobre todo en cuanto a dureza ya que en función de las marcas puede cambiar pese a tener la misma numeración. Lange por ejemplo es de las más duras en ese sentido. He podido comprobar que he acertado en mi elección puesto que a pesar de haber hecho un cambio de flex mínimo (de 80 a 90) he sentido una diferencia notable. No necesito más, ya que además utilizo las botas para dar clase.

También me mantengo cogiendo botas que pueda adaptar tanto a pista como a fuera de pista, siendo botas bastante polivalentes y no específicas para una disciplina.
Otro cambio ha sido el número del pie. Mis primeras botas eran un 24 (que corresponde a un número 37 de pie) y las botas nuevas son un 24,5 (un número 38). Teniendo en cuenta que tengo un 37,5 la elección no era sencilla. Pero finalmente creo que he acertado puesto que ahora siento el pie más cómodo.
 
 
     Aquí dejo la equivalencia de tallas para Lange:
 
 
Como curiosidad decir que con estas botas no estoy teniendo problemas de tobillos como me ocurría con las anteriores y que además los pies se mantienen calentitos. Algo que de verdad agradezco bastante puesto que con las otras se me helaban los dedos.
Recordemos que todo comienza desde nuestros pies, y sin unas botas acorde a nuestra técnica, condiciones físicas, peso y actividad podemos llegar a trabarnos en nuestra evolución.
 

En conclusión, ¿cuándo es el momento de cambiar nuestras botas?

- Botines dados de sí

- Pérdida de propiedades de la carcasa (plástico exterior)

- Aumento de nuestro nivel y por lo tanto necesidad de aumentar el flex, que a su vez se pierde con el desgaste.

- Sensación de no tener el pie y la pierna sujeta.  La sujeción debe ser homogénea. No debe haber puntos duros o de presión fuerte sobre algunas partes del pie o de la pierna.

- Especializarnos en una disciplina concreta

 
 
 
 
 
 
 
miércoles, 3 de diciembre de 2014

RECUERDO DE UNA CUMBRE


Tenía una espinita y hoy por fin podré quitármela. Porque hasta ayer no recibí las fotos que tanto deseaba tener en mis manos. Tristemente ni siquiera me han dado el placer de recibir todas. Pero al menos las que he conseguido muestran parte de esa vivencia que desde un principio quise compartir: mi ascenso al Volcán Osorno.

Fue el 13 de octubre, era un lunes y al día siguiente partía a España. Durante toda la temporada deseé hacer cumbre. Esta fijación era de esperar, puesto que todos los días miraba su cima pensando lo irónico que era esquiar y trabajar allí sin poder ni imaginar como sería desde lo más alto. Día y noche observaba sus nubes, sus colores, su nieve, su luna… sentía su frío, su furia y su energía. A veces, en mi silencio, hablaba con él. Era “mi volcán”: donde yo me sentía en paz y me encontraba a mí misma. Segura de mis palabras, doy fe de que se puede sentir amor por una montaña.

Había que esperar las condiciones meteorológicas adecuadas porque a pesar de su aspecto liso y sencillo, siendo además el segundo cono volcánico más perfecto del mundo, ya sabía que se había cobrado consigo muchas vidas. Mi respeto era absoluto y si quería llegar necesitaba ayuda. Su tramo final es un glaciar de hielo en el que no podía adentrarme sin el equipo necesario y sin alguien con los conocimientos técnicos de escalada correspondientes.

El pronóstico llegó y no lo dejaría pasar. Salimos a las 5:30 am de la mañana de Ensenada y nos plantamos en la CONAF (Corporación Nacional Forestal de Chile) donde dimos aviso y dónde se nos revisó si llevábamos el material preciso. Todavía era de noche y comenzamos a ascender. Nuestro ritmo era bueno y en una hora llegamos a nuestro primer punto: el refugio de pisteros del segundo telesilla de la estación. Descansamos un poco y visualizamos el tiempo. Había amanecido pero la niebla era densa.




Reanudamos nuestro camino rumbo a una zona que llaman “la Isla” (es una zona más llana antes de  los aproximadamente 500m finales de ascensión).  Antes de llegar ya tuvimos que ponernos los crampones debido al hielo. A nuestro favor, había caído una pequeña capa de nieve fresca que facilitaba cada paso. Parecía que aclaraba pero este idilio rápidamente cambió. Si algo define a este volcán, es que sus condiciones pueden cambiar de un minuto a otro.




Una vez en "la Isla" se temía lo peor. Mirando hacia la cumbre se veían nubes oscuras y el viento comenzaba a parecer peligroso. El tiempo empeoraba y no podíamos continuar. Se paleó un pequeño refugio de nieve dónde dejamos nuestros esquís y esperamos a que la situación cambiara. Llegamos a pensar que tendríamos que darnos la vuelta. Hacía realmente mucho frío. Empecé a temblar y opté por andar de un lado a otro.
Así pasamos aproximadamente una hora. El viento cesó y las nubes se disiparon. Cara de felicidad: era el momento de atacar. Encordada con mi compañero comenzamos a subir de forma tranquila hasta llegar al muro final lleno de "coliflores" heladas en el que ya se debía escalar.






                                                           Así veían mis compañeros el Volcán desde la estación


A las 13:00 pm pisamos cumbre. Era una meseta inmensa de unos 300 metros de diámetro con una pequeña inclinación que subía hasta una última cornisa en la que se podía divisar todo. A pesar de las nubes de aquel día que aparecían y desaparecían continuamente, podía ver el lago de Todos los Santos, el Llanquihue, el Rupanco, los volcanes Puyehue, Puntiagudo, Calbuco, el cerro Tronador… Qué lindo recuerdo me llevaba conmigo.



A la vuelta recogimos lo que habíamos dejado y descendimos esquiando hasta la última lengua de nieve que encontramos. Llegamos sobre las 17:00pm de la tarde... abrazos de despedida y mezcla de tristeza y alegría. ¡¡Volveré!!



VOLCÁN OSORNO: 2652 m
SALIDA EN CONAF: 1200 m
SEGUNDO TELESILLA : 1760 m
DESNIVEL: 1452 m

DURACIÓN: Ascenso 6 h/ Descenso 3h
IMPORTANTE: peligro por grietas y desprendimiento de rocas en verano, estación del año en la cual queda prohibida su ascensión.

   

* Adjunto un texto muy interesante de Iván Barría, guardaparques en Volcán Osorno al que mando un fuerte abrazo: Volcán Osorno



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